Charo Pradas. Charo Pradas. Anys 80
16 abril - 29 mayo 2026

Charo Pradas. Años 80

Esta es la primera exposición que la galería dedica a la artista Charo Pradas (1960). Con cerca de 40 piezas, entre pinturas sobre lienzo y dibujos, la muestra se centra en la década en la que la artista encuentra su particular lenguaje plástico y define su estilo.

A comienzos de los años 80, su obra explora un expresionismo figurativo centrado en la representación de seres imaginarios, cercanos al mundo de los insectos, algunos de ellos realizados con tono humorístico y otros más agresivos. Para la artista son representaciones que aparecen de forma automática, prácticamente inconsciente, y que quieren representar emociones y estados de ánimo. Para ella, no hay mucha diferencia entre los seres humanos y el resto de los seres vivos y, por lo tanto, estas obras se enmarcan en su necesidad de analizar al ser humano y al mundo animal más allá de su apariencia meramente formal. El uso de una paleta de color centrada básicamente en el ocre y el marrón no hace más que agrandar esta obsesión por los elementos orgánicos y terrenales.

Hacia mediados de los años 80, su obra abandona prácticamente cualquier señal de figuración y se adentra en una pintura casi abstracta, extraordinariamente biomórfica, centrada en formas y composiciones que recuerdan órganos, imágenes microscópicas de tejidos orgánicos, artefactos imposibles o espacios oníricos. Es inevitable relacionar muchas de estas representaciones con su interés por la ciencia, por los descubrimientos científicos, tanto en el terreno de la medicina como en el de la biología y la cosmología. Para la artista, todo es vida y, de este modo, quiere que sus pinturas sean representaciones de una naturaleza cambiante y metamórfica. De ahí que en muchos de sus lienzos aparezcan formas que recuerdan bocas u ojos que nos miran. En años posteriores, estos ojos evolucionarán hacia una de sus formas predilectas: el círculo. Y es que para Pradas el círculo es el resumen de todo y el símbolo que une la biología con la cosmología.

Sus referentes son numerosos. Desde artistas compañeros de generación hasta muchas de las obras de la estadounidense Georgia O’Keeffe (1887-1986) o los dibujos científicos de Ramón y Cajal (1852-1934). Incluso el trabajo de Miguel Servet (1511-1553), otro aragonés, también encuentra espacio en su obra. Pradas prefiere el Renacimiento al Barroco y, probablemente por este motivo, en su obra hay tan pocos negros y azules, mientras abundan los naranjas, los malvas, los verdes claros, los magentas y los corales.

Su obra de este periodo es testimonio de una época enormemente vibrante en nuestro país, muy intensa y activa. Los años 80 fueron una etapa de efervescencia generalizada y, aunque Pradas no pretende reproducirla directamente, los aspectos formales de su trabajo encajan perfectamente en un momento en el que una potente necesidad expresiva se canalizaba tanto en la figuración como en la abstracción. Pradas aportaba una mirada nueva, inédita y muy original, y por este motivo su pintura destacó de inmediato. Su pintura sobresalía como ninguna otra al reproducir el incesante estado cambiante del mundo, haciendo coexistir lo instintivo con lo cultural. Tal y como Fernando Huici escribió en 1992, la obra de Charo Pradas se erige “como celebración de la sorpresa que anida en la propia génesis del acto creativo, allí donde el grito sedimenta en lenguaje articulado. Pero, más allá, también es espejo de una perplejidad trascendente que traza, en el espacio primordial, una figura del mundo, en esa frontera imperceptible, ajena a la temporalidad, del diálogo en el que caos y cosmos se conocen”.

Obras

Sin título, 1989

Sin título, 1989

Lucas, 1987

Sin título, 1987

Annunciation, 1988

Sin título, 1989

Vistas de la exposición

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