Torres-García / Hernández Pijuan. Emblemas del origen

Torres-García, "Constructivo con hombre y objeto", 1930 óleo sobre madera 39 x 34,5 x 9 cm
H.Pijuan, "Sense títol 29", 1987 gouache y lápiz sobre papel Arches 50 x 65,5 cm
Torres-García, "Dos formas en ocre y rojo", 1938 tempera sobre cartón 80 x 50 cm
H.Pijuan, "Núvol sobre paisatge daurat", 1993 óleo sobre tela 130 x 162 cm
Torres-García, "Planisme au bateau", 1929 óleo sobre tela 54 x 73 cm
H.Pijuan, "Casa i sol", 1990 óleo sobre tela 114 x 146 cm
Torres-García, "Gran copa constructiva", 1935 tinta sobre papel 14,5 x 11,5 cm
H.Pijuan, "Marroc II", 1991 carboncillo sobre papel 157 x 120 cm
Torres-García / J.Hernández Pijuan
Torres-García / J.Hernández Pijuan
Torres-García / J.Hernández Pijuan
Torres-García / J.Hernández Pijuan
Nueva York - Marzo 2017

   El protagonista activo de los dibujos y pinturas de Joan Hernández Pijuán es el espacio. Grafismos germinales. Incisiones en el vacío que como una membrana sutil se tensiona con la más imperceptible intervención, registrando con precisión la más leve señal: como un sismógrafo sensorial.
  Pensamos en Giacometti o en Fontana (con los que mantiene afinidades subterráneas). Estremecimientos del vacío activo. El fondo abandona la condición residual para ser protagonista, deja de ser un recinto pasivo (un mero contenedor) para emitir una energía silente y enigmática. El contorno elemental de una casa, la huella de una flor en la memoria , el perfil esquemático de un árbol, la estela de un horizonte…se convierten en Hernández Pijuán en ritmos que articulan un diálogo fértil en constante renovación entre fondo y presencia figural.
  La “buena forma” emite la percepción de esa tensión dibujística. Estilización poética de la realidad trascendida en un vocabulario visual sucinto que transmite la energía de un mundo próximo a la raíz, al origen. Donde el temblor emocional y el registro intuitivo de la mirada son las claves que traducen la realidad, como en los “bosquejos pedagógicos” de Klee, de “Bauhaus” o en el universalismo constructivo de Torres-García, a un inventario de signos gráficos. A modo de sencillos y elementales emblemas del origen.
  Pintura y dibujo de la mirada que como en el pensamiento de la fenomenología convierte al ojo en el destinatario privilegiado y activo de la metamorfosis de sensaciones de un caos sensorial que hay que ordenar en sus líneas de fuerza, intentando aprehender sus vectores de energía primaria. La verdad elemental y constitutiva que irradia el enigma del espacio. Superficies de germinación. La voluntad primigenia de la mirada primera que transmite a través de la oscilación de la línea del dibujo (y su itinerario errático sobre el blanco del papel) el mismo secreto activo de la palabra primera en poesía. El espacio donde se fusiona vacío y silencio como un ritual arcaico. Los signos a flor de piel trazan la acotación simbólica de un espacio primordial, graban en la epidermis mensajes de la memoria con una visualidad diáfana. Temblor sígnico sobre la línea de horizonte. Sedimentos e incisiones simbólicas. Pintar con la mirada al pasear, como el poeta camina con la palabra.

Antón Patiño, “Latido germinal de Joan Hernández Pijuán”, 2001